domingo, 19 de diciembre de 2010

Los humanos funcionamos de maneras curiosas


Conozco a un hombre que sabe ser casi perfecto, sabe darlo todo, y justo cuando se acerca a entregarse por completo, irremediablemente falla. Esto parece siempre casualidad, ha acomodado su vida de manera en la que nada se le pueda reprochar; es lo suficientemente inteligente como para aparentar ser la víctima dentro de todos sus errores.


Es una obra de teatro, en donde te enamoras de la primera capa del personaje, es una capa honesta, sutil, maravillosa, entregada; conforme avanza la obra te das cuenta de un narcisismo que aflora, te atreves a odiarlo, porque esa capa es egoísta, manipuladora, mentirosa, y de repente, esa primera capa queda como un mal sabor de boca, como el recuerdo de algo que llegas a pensar que te inventaste y te sientes sumamente idiota por estar sumergida en una historia en la que en apariencia tú fuiste el único personaje. Al final, te das cuenta de la realidad, ese hombre tan planeador de sus escenarios, tan controlador de cada acto y aspecto de su vida, sí es la víctima, es presa de un miedo terrible que ni siquiera él mismo ha llegado a distinguir, y vive limitado por eso, justo él, el que se proclama desde el principio libre, y a todos los hace creer. No por nada se sueña en constancia en un paisaje abierto, es esa infinidad de posibilidades la que por miedo no podrá tener.

Es una complejidad terrible, que en una persona puedan haber tantas capas, y la última, la importante, pase para el mismo desapercibida. Supongo que es natural, si él se supiera víctima del miedo, la segunda capa, la del narcisismo exacerbado, la del egoísmo y control en extremo, se vería por lógica eliminada. ¿cómo va a reconocer una persona que piensa que se ama tanto a si misma, que el amor que se tiene no es más que una excusa de miedo, una barrera que se impone con tal de no atreverse a aventarse a ese paisaje, a amar a los demás?
Después no sólo observar semejante obra, sino ser partícipe como un personaje que en brevedad explicaré, pues no estoy exenta de capas ni manipulaciones, por más que quisiera, me atrevo a decir que la primera capa también es correcta, esa lindura desbordante es verdadera, tan cierta que todos siempre la creen. Lo que se vuelve insoportable como persona es asumir la segunda, ser partícipe y conspirador de la segunda, celebrarla, sin lograr después no ser víctima del daño que todo narcisista, por idiota, por inseguro y limitado, sabe provocar.

A decir verdad, yo entré a la obra por la segunda capa, con más idiotez que la de todos los personajes que se han cruzado en la escenografía. Pero ese es mi personaje, el que busca de antemano que le fallen para después no tener culpa al fallar, para jamás tener que comprometerse. Así como él manipula para entregarse y después no lograr ser lo suficiente, yo manipulo para siempre ser la chingona, la pobrecilla a la que irremediablemente le terminan fallando. Mi forma de ser víctima es en silencio, a mi no pueden reclamarme nada después, yo no estoy hecha para pedir perdón, sin embargo soy la musa, la santa, la reina que siempre logra perdonar, o la perra que se vuelve indiferente y olvida a las personas, porque es tiempo, porque no hay más. Situación en la que me posicione, no hay nada reprochable, más que lo que puedo reprocharme yo misma, por no dejar entrar a nadie, por ser víctima por voluntad propia de una inventada soledad. Mi personaje se vuelve inteligente, intuitivo, elige de antemano ese tipo de amor contradictorio que jamás se puede consumar, elige el narcisismo porque reconoce la inseguridad que conlleva, y dentro de esa inseguridad, jamás podrá ser recibida, cosa perfecta, pues necesita seguir reclamando que el amor duele, que el amor es terrible por partido, que nunca se puede ser feliz del todo, y otras boberías más.

Así son los artistas, entran al juego para sentirlo todo, para elevarse y romperse en mil partes, con tal de con eso crear. Le tienen miedo al equilibrio, a poder estar estables con otra persona, porque si llegan a eso, a esa plenitud divina, ¿en dónde queda lo demás?, ¿en dónde queda el desborde, la ira, lo terrible, los llantos, el dolor, que siempre son armas perfectas para escribir cuentos, para armar ideales, para trascender un poco más?.

Mi personaje entonces tiene problemas infinitos de percepción, en lugar de reconocer como perfecto un momento, una situación, un presente, un detalle, una sonrisa, un estar viva, reconoce como perfecto el para qué de tal, el sentido, la dirección, el armar un discurso en donde toda teoría que tiene metida en la cabeza, como la idea de abandono, sea siempre realizada después.

¿Qué mejor acompañante de eso que el narcisista en apariencia poderoso que no podrá evitar fallar por todas sus barreras? ¿ qué mejor persona que aquella con tanto miedo para amarla como para que en suma de actos ella pueda reclamar que ha sido abandonada? Cuando desde el principio sabía que nada dentro de esa obra iba a estar prometido, nada sería consumado, ¿y qué mejor regalo que ese?. Tendría un personaje a quien reclamarle sus miedos autoprovocados, y él tendría a quien serle inferior, a quien no alcanzar, a quien no merecer, con quien consumar su propio miedo, volverlo palpable, y quedarse en la etapa de narcisista, por jamás lograrlo reconocer.

No pueden decirme que no somos maravillosos, extremadamente ingeniosos, y confundidamente podridos, no pueden decirme que carecemos de poder y que lloramos irremediablemente por otros, ni que los accidentes son casualidad. Toda persona busca sus miedos en la otra, y los consuma, para poder resguardarse en los mismos después. Por eso le aplaudo a la vida, a nuestro inconsciente, porque nos tiene atados a una forma de vida espectacular, en donde nos sentimos presas de injusticias cuando siempre son lo que de antemano queríamos encontrar.

Todo eso está resuelto, no digo que esté bien o mal, esa historia tuvo su sentido y en un escrito, como prometí desde el principio, tenía que acabar. Quisiera añadir que esa sombra mía ahora está agotada, pero eso trae a tantos nuevos personajes, que tendré que hablar de eso en otro lugar. Felicidades, siempre estamos siendo lo que sin saber queríamos lograr.