




Hay veces que no encuentro las palabras adecuadas para empezar a desarrollar una idea, o será también que por primera vez no se me antoja ninguna idea específica a tratar. Después de un viaje sólo quedaron las fotos, lenguaje divino que por lo general no requiere de tan larga explicación. Estoy enamorada de la edición, y de la emoción silenciosa que se encuentra en mi sillón al mirarlas.
Dejé atrás gran parte de lo que me formaba, pero sigue caminando conmigo el ideal de verlo todo de una mejor forma, de una más buena, y no por ello decir bella, ni con más luz. Pero cabe hacer mención: bendita luz, y qué maravilla es entender su ausencia.

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