Pienso mucho en ti, pienso mucho en qué hubiera pasado si no te hubiera dicho aquello. Probablemente no hubiera pasado nada, y es que así funcionan las cosas contigo, importa poco en qué extremo nos coloquemos en la balanza, siempre terminamos besando al abismo.
Supongo repetidamente que te gustaría caminar a mi lado, te lo ofrezco cuando puedo, casi suplicando, pero sé que entre tantos pasos no dejo mucho espacio, y ese es nuestro pecado, jamás tener congruencia entre nuestras palabras y actos.
Te sé presente como te sé perdido, quizás no dependa de ti, ni siquiera de cuántas veces me hayas anhelado. El amor es saber y voluntad, pero también idiotez, dejarse llevar, con grandes dosis de soportar.
He estado muerta algunos días, quizás para deshacerme de lo que dependía, y perdí entre sueño y sueño una cantidad impresionante de recuerdos. Estabas tú en una puerta, y ahí sigues, con la vital importancia que has tenido siempre.
Conocí a un hombre de apellido Artaud, me enseñó que era conveniente revolcarme en el caos, en el dolor de pacotilla, en la oscuridad. Y, siguiendo sus consejos al pie de la letra, comencé a vislumbrar ráfagas de luz, aquellas que son poéticas porque aparecen después de mucho tiempo de no ver, y duelen, porque nos avisan que tendremos que luchar para regresar, si es que pretendemos darle la espalda a la muerte.
Volver a nacer, pieles de serpiente.
Y así lo ves, no hay coherencia en tu imagen dentro de mis escritos, pero falta soltar algunas palabras que no te contengan para que aparezcas disfrazado de todo aquello que pudiste haber sido.
Tomé café y fumé dolorosa, me picaba la vida, me picaba ser cuerpo, ser mujer. Después pellejitos aparecieron, burlándose, riéndose, ya no podría dormir más, y tendría que vivir el vacío, como mi constitución me prometió desde el día en que nací.
Entonces estuviste, y dejaste de pertenecerme, podría ser que tanta piel fuera sólo aviso de lo que no deberíamos de tocar. Esos pecados, esos pecados de amar.
Si hay algo que disfruto en lo funesto de ansiarte, es la pureza con la que después de desarmarnos te he encontrado. Y dicho todo o nada, en secreto o en nostalgia, estás como más allá de mi. De forma divina y sin querer, sin poder negarte; y aunque todo esté fatal por imposibilidad, todo está muy bien.
Quizás ese era nuestro secreto, tenía que olvidarte para tenerte, y después comerte palabra a palabra para volverte a perder. Así es.
Lo que más me gusta de cualquier intento de acercarme, es saberme incapaz de terminar mis propias propuestas, y entonces viviremos en pausa, como en este escrito, como en mi ayer. Estoy flotando, adiós cariño, mucho siempre te soñé.


No hay comentarios:
Publicar un comentario