Me tiene transformada la idea de comparar, eso de encontrarte en el presente y a la vez sonreír, porque puedes ver atrás. Llevo tiempo haciendo trabajos de mi pasado, buscándome con objetividad, y salgo victoriosa en todos mis recuerdos, en todos mis trabajos, en el proceso.
Recuerdo pocas cosas a la perfección, pero hay cierto tipos de frases o imágenes que aparecen constantes en mis días. Una de ellas es la que se encuentra a la derecha de mi díctico, desde que la tuve me sorprendió, no sé si por el ángulo de la foto, por la felicidad infantil de mi expresión, o por el ahí presente, fuente de muchas alegrías y pesares. Han pasado dos o tres años de la foto, y seguía siendo huella de ese momento casi perfecto.
Hace poco, en un trabajo para la escuela, se dio por casualidad ese mismo ángulo, esa misma expresión. Al verla sonreí, pues más allá de ser un buen retrato, es un lugar inexplicable en el que me identifico, una tranquilidad de constancia. El saber que esa esencia, esa sonrisa, esa mirada permanece, a pesar de la muerte de la fuente que creía única para ser así, a pesar de la desaparición de los más queridos.
Estoy exaltada, ese ver al pasado por primera vez se ha vuelto objetivo, la nostalgia ha desaparecido. Puedo entenderme y reconocerme en todos y cada uno de mis aspectos, saberme igual de entregada en mi separatividad que en mi compañía.
Y por eso, por ser la prueba de lo que voy siendo, y la ayuda para hacerlo consciente, me gusta la fotografía.


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