martes, 9 de marzo de 2010

No puedo



No he podido olvidarme de ti, me tienes enfermo. Uno jamás cree que sus manías lo pueden llevar a su propia destrucción, ja, bueno, eso se sobreentiende, pero no tan rápido, no así, no cuando decidí por voluntad acabar con los que me rodeaban antes de que pudieran acabar conmigo. Y tú, maldita, tan parecida a ella, tan a la medida, perfecta, con un cuerpo exacto, mirada perdida, casi orgásmica, refugiada en otra cosa, en un dios, en cualquier idiotez que te alieniza, te convertiste en la mímesis perfecta de lo que siempre había buscado en mi, ese ajenamiento automático con el que ella nació, para echarme culpas y ser yo el de la carga de toda pesadumbre, y tú y ella tan limpias, y tú y ella tan vivas, ¿será porque eres ella que no puedo matarte?, necesito tus uñas, necesito tus muñecas para terminar mi traje, y te aborrezco, porque no puedo matarte. Me estás doliendo, carajo, me estás partiendo en pedazos, y es que llevo practicando tanto tiempo para llegar a un clímax, en donde vas a quedarte viva, respirando, moviendo esas partes de tu cuerpo que ni siquiera has reconocido como perfectas, cínica, y yo que nací necesitándote, que nací anhelándote, que nací sabiendo que debías de ser mia, estoy petrificado ante el abismo que representas. Mi madre no me avisó que alcanzarla sería imposible, y el altar que llevo armando para ella ahora ha caído en el peor de los sin-sentidos. Hoy la muerte cobra sentido en un infortunio infame, hoy la única muerte que he sentido como probable, ha sido la mia. Y entonces sé que mi mente ha sido curada, y que debo perseguirte y abrazarte. ¿Me dejarás abrazarte?, matarte, debería de intentar matarte mientras te abrazo, ¿sabes?, tomar de tu nariz, lamerla, y luego avisarte que te amé desde mis siete años, y que veinte después he tenido que acabarte. Pero no te avisaría, miento, porque no podría lastimarte verbalmente, no podría manchar la inocencia pura con que te mueves, como la de no saber que existimos algunos pobres diablos que nacimos condenados a sus demonios, y que no importa la belleza con que se escribe la luz del día, ni las terapias que algunos parecen ofrecer para salvarnos, estamos destinados a amar eso que según dicen no podemos adquirir porque no es nuestro, pero sabemos por actos precisos que podemos adquirir sin arrepentimiento, tantos cuerpos. Y entonces no debes enterarte que te amo en cuanto a cuerpo, nadie debe avisarte que en mis manos está tu vida, y en mi cabeza tu muerte, no debes saber antes de cortar tus pechos que no llevo haciendo otra cosa durante mi vida, que jugando a poder ser hoy tu dueño. Y es necesario detenerme, aquí, nauseabundo, con ganas de gritarte maldita que no puedo, y estoy desesperado, adolorido, puteado, pasmado, porque tanta vida buscando una muerte, y ahora la muerte se me escapa, y te quedas viva, y yo entonces muero. No hay reemplazo, no puedo. ¿qué hago?, carajo, no puedo . Matarte. Matarte. Nauseas, matarte. No puedo, y debo morir por ello. ¿debo morir por fin?, te odio, porque te lo agradezco. Y por ti me desprendo de esto, me voy maldita, sin que lo sepas. No puedo. Hoy mi madre estaría por primera vez orgullosa, su altar se termina sin tus muñecas, se termina con las de su hijo, las de su puerco. Y hoy mi padre me odiaría nauseabundo, como yo te odio, por ser vida lo que amaba, y no puedo, y hoy se me acaba la respiración y lloro, por primera vez lloro, con mis muñecas rotas lloro, con tu imagen intacta lloro, y no puedo, es que… eso único que era mío, ya no lo tengo, soy asesino, y no puedo matarte mi amor, no puedo. 

No hay comentarios: