sábado, 10 de abril de 2010

Damián


De haberlo sabido Damián, te lo hubiera dicho todo, te hubiera hecho partícipe y cómplice de todas esas cosas que de repente y por mala suerte se me cruzan por la cabeza. Me hubiera escapado contigo cuando aún me lo pedías, y hubiera respondido enojada a todos y cada uno de tus golpes. ¡Vamos!, te habría gritado con el odio que necesitabas, y habría pretendido caer en tus manipulaciones, habría sido víctima de celos, y dueña de los dramas provocados por tus desapariciones. Te habría dado la importancia que te enseñaron que merecías, y recitado los diálogos de la novela que querías en tu vida. Te habría perseguido hasta el cansancio, con un dolor de pies digno de un mártir que lo da todo por conseguir al menos un pedazo del cariño del dios al que ha decidido entregarse.
Te habría escrito poemas con tantas palabras de amor y resentimiento que serías el héroe y el villano de nuestra historia, te habría dado los motivos necesarios para que fuera real el verte en un espejo y jactarte con una media sonrisa por creerte todos esos sentimientos que sólo un ser con mucha potencia es capaz de provocar en el ajeno, te habría reprochado fúrica eso que significa tu nombre, carencia de consideración hacia todos esos pobres diablos que nos cruzamos en tu camino.
En cambio, no pude más que callarme, y platicar algunas noches con mi almohada sobre la posibilidad de ser eso que necesitan que seas, o el opuesto, y hacerlos enloquecer, sobre pronunciar las palabras que trazarían el destino adecuado, sobre aparentar estar engañada con tal de ante tus ojos estar bien, pero no pude más que tener asco y no responder. Tuve sueños de desaparecer. Hay batallas que se ganan sin la presencia, y te empecé a matar Damián, sin siquiera distinguir si en algún punto te pude realmente querer.
No me atreví a crecer, ni quise retroceder, permanecí intacta ante el olor de tu piel. De haberlo sabido antes Damián, tendría ahora una historia a la cual engancharme, una realidad palpable de la cual quejarme, algo que reprocharte y algún dolor al cual llorarle, otra vez. En cambio tengo nada, un sueño y varias malas palabras que no son dignas de los labios que podrían recitarlas. Carajo, el abismo en su máxima potencia, siendo esta, una terrible pendejada. Nada Damián, no siento nada. 

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