Lucía, no murmures, no hay nadie cerca que pueda comprenderte. Deja a un lado el temor a las palabras, si bien es cierto que con ellas puedes destrozar, también es cierto que sirven para crear puentes, de esos que se te antojan indestructibles.
Habrías de ser un poco más sincera, no con otros, pero contigo misma, saber, de una vez por todas, qué es lo que quieres de ti, no que quieren, no que esperan, no que sueñan, sino ser, por ti.
Es absurdo que consideres tus errores como fracaso, es más absurdo aún que los consideres errores, porque no lo son cariño, se llama vivir. Equivocarse es, en todo caso, no darte cuenta que estás viviendo, y buscar como para darte un madrazo, sufrir, te doy permiso de seguirte castigando todo lo que quieras, pero opino que sería menos absurdo sonreír.
No pierdas tanto tiempo observando tu cuerpo, el mismo se va a morir, hay verdades sin embargo que no mueren, y supongo que ante la limitante que es ser humano, a ellas hay que acudir; pero no seas ingenua y te conformes con las verdades sin fundamentos que parecen regla en una cultura que no ha sabido siquiera definirse a si misma, no confundas el hambre con sed, el poder con razón, ni el producir como única fuente de valor, porque entonces, aunque reconocida, te estarás dando la espalda, aunque adaptada, te estarás muriendo sola.
Hay sacrificios que se deben hacer, y si bien duelen, también se complacen por certeros, y si bien odian, también se enamoran por sublimes.
Nunca esperes más de lo que pueden ofrecer, toda relación es un acuerdo, una política, una negociación, asume un papel y desempéñate como debes en el mismo, sin perder la espontaneidad emocional que compartirte con un ajeno te provoque.
Lucía, lamento informarte que si quieres ser feliz, tendrás que transgredir. Qué más quisiera yo que creer en un libro de autoayuda, qué más quisiera que llevarte por caminos de una belleza superficial, pero te has llevado a ti misma a una visión más compleja, y para cerrar los ojos es tarde, aunque lo hicieras, tendrías el recuerdo de haber visto cierto tipo de profundidad, a la que si abandonas, añorarás con una nostalgia descomunal. La esencia grita ahora ser eso que intuitivamente prometiste que serías, y sabes bien que en el sentimiento es más fácil encontrar la verdad que en la razón, toda teoría puede ser refutada después, una emoción no. No quedan muchas salidas Lucía, si no es que ninguna, atrévete a descubrir.
Te aviso de una vez que el proceso será agotador, y que constantemente lo verás como un imposible, pero recuerda cuál fue la última canción que tocaste y dedicaste a la muerte, eso querida, no es una casualidad.
Me gustas maldita, por ser más tú que lo que soy yo misma, y por leerme paciente una vez más. No voy a mentir, lo estoy apostando todo por ti, y tengo miedo de ti; porque sé que llegará el día en que seas tú la que me escribas, y cuando eso pase tendré que cambiar de nombre, tendré que dejarte ir. Te agradezco mientras tanto darme un motivo para seguir.


No hay comentarios:
Publicar un comentario