martes, 22 de septiembre de 2009

Presencia Flagrante



Presencia flagrante, apropiación acrítica del pasado, realismo nostálgico, comodidad en lo kitsch, revival, todo con cierta burla y cinismo..


Marcos López se roba a la nostalgia de su estado habitual: el pasado, y la deposita en el presente, para que aparezca palpitante, ardiente, directa, burlándose de nosotros y de eso en que hemos caído. Además, inteligente, las une con fotos del pasado, esas fotos que deberían de darnos un sentimiento más profundo de añoranza, y lo único que provocan son una identificación con lo kitsch, un sabernos parte de esa composición, un reconocimiento de todos los objetos y aceptación de haberlos usados, y una sonrisa, por haber sido parte. Cínico, ni el pasado más ridículo se compara con lo absurdo de nuestro presente, en el discurso hay dinamismo, hay congruencia pura, hay una repulsión que nos ataca al sentirnos más contrariados por nuestro presente, que por nuestro irrisorio pasado.




Y es que claro, el pasado ya no es lo que era, ya no estamos tranquilos porque no creemos en nada. Hemos logrado hacer de toda cosa respetable, de todo objeto admirable y de todo uso lógico, la cosa más absurda en nuestra rutina. Por ello las fotos del pasado nos causaron apacibilidad, porque reconocimos todos los objetos en el uso que les dábamos, en la utilidad lógica que para nosotros tenían, y las del presente nos derrotaron, porque todo lo comenzamos a utilizar mal, desde la idea de Adán y Eva, hasta las bases máximas de nuestras creencias. Parecemos saberlo todo, haberlo visto y experimentado todo, y entre tantas cosas que asimilar, no somos nada, más que la mezcla de conocimientos y usos que sin la congruencia de un contexto cultural, no valen nada, perdón parece decirnos en silencio, pero ya no valemos nada.




Hemos rebasado toda clase de limites, descontextualizar se ha convertido nuestro máximo patrón, porque ya no vemos la importancia de las cosas, el destino que originalmente tenían, y gracias a la producción en masa, todo ha ido perdiendo su valor. Una prueba máxima de ello es las Vegas, el ir y ser parte de la copia, y creer de cierto modo en su realidad. Estamos peor que el reproche de Platón hacia vivir en la copia de el mundo de las ideas, por que al menos su reproche es hacia gente que no se da cuenta del error, nosotros lo sabemos, y caemos.




Aquí, el que ejerce una fuerte critica hacia nuestra carencia de sentido y valor es Rubén Ortiz, con su obra el pasado ya no es lo que era. Antes, el ver para atrás era una cuestión histórica, de orgullo, de aprendizaje, ahora, es cuestión de robo, de desprestigio. Con sus fotos, de grano pesado y monocromáticas, nos hace ver lo ridículo de nuestra sociedad actual, en donde un estacionamiento tiene como adorno una pirámide, una escultura maravillosa tiene a un nadador a lado, y caemos en la realidad de que es un mugre parque acuático. Así somos, en eso lo hemos convertido todo, el hacer que las cosas estén bonitas o sean estéticas no es nuestro problema, sus fotos, quitando la critica, son hermosas y perfectamente bien compuestas, nuestro problema es la carencia de entrega y creencia al valor de lo que hacemos y tenemos, al lugar en donde estamos, a nuestra escasa capacidad de asombro. Podemos tenerlo todo, hacerlo todo, copiar todo, lo único que nos queda, para no hacer de nuestra realidad un espacio más absurdo y carente de motivos para emocionarnos, es respetar el por qué de las cosas, el destino para el que están provistos, y la cultura y lugar en donde surgieron.




Ambos artistas nos hacen preguntarnos qué está pasando, qué es lo que consideramos pasado y cómo lo estamos retomando, ¿en dónde debe de estar nuestra nostalgia realmente?, ¿valdrá la pena comenzar a vivir en revivals? …
Lo único que se me ocurre pensar es que hay que encontrar un nuevo sentido, un nuevo motivo y una nueva creencia, y si no lo logramos, entonces dejar de descontextualizar. 
















martes, 15 de septiembre de 2009

De luto

Nunca te avisaron que el silencio lastima, el noble perdona, y el decir las cosas es una forma de reconciliación. La indiferencia es una forma sutil de muerte, de no existencia, de un constante adiós.
El enojo existe por rencor, el rencor por importancia, y la importancia por amor. 
Doloroso es que me consideres una idiota, y que te escondas en la cueva ingenua de sólo-yo-me-conozco, sólo-yo.
Estoy enojada contigo Chá, acabada, decepcionada, por haber sido el reproche de un ser que no ha sabido ni siquiera conocerse a si mismo, por ser el reflejo de la incongruencia de la cabeza de otro, y la caja de culpas de la poca lucha ajena.
Estoy muriendo por creerte, por haberte amado, por nuestra poca devoción. A estas alturas nos hemos perdido enteros, y qué sé yo.. el luto no me ha sido suficiente para depurarte, porque sigues vivo, pensándome, negándome,  atacándome.
-Peor ha sido la tumba de un vivo, que la muerte de un ser querido.-

Orquesta sinfónica Infantil y Juvenil de México

Quien dice que su vida es aburrida es porque no ha querido ir a aquél lugar donde flotan emociones, lugar en donde sientes que todos están maravillados, los aplausos toman un ritmo sincero, y las caras de felicidad se quedan grabadas en los espectadores por horas, en mi caso, por días.

Estoy hablando del Concierto por el Bicentenario con la Orquesta Sinfónica Infantil y Juvenil de México, celebrado el Lunes 14 de Septiembre del 2009, en el Auditorio nacional.
Para ser sincera, decidí ir por curiosidad, y sin ninguna expectativa, pero desde la primera composición supe que pasaría de las dos mejores horas de mi vida.
El movimiento de las bocas de los niños, las manos de lo violines, los cachetes de los trombones, los dedos del clarinete, el cuerpo de las violas, todos jugando con nuestros ojos y oídos a hacer una perfecta combinación emotiva, una exaltación a nuestra cultura, y una palpitación en el corazón a la que no se puede poner nombre y de la que no puede surgir más que una admiración inmensa por ese conjunto de jóvenes mexicanos que logran hacernos querer estar ahí en el escenario y tener al menos tantito de su talento, para lograr nosotros también crear algo tan maravilloso como lo que está surgiendo de todos ellos.
No había uno que no se encontrara feliz por lo que estaba haciendo, bailaban y se movían como si la música que sus instrumentos sacaban se hubiese convertido en su mejor amiga, se unían todos para hablar su propio lenguaje, mirando atentos al director, y nosotros, los espectadores, no podíamos más que sonreír al evento, e intentar verlo todo en conjunto, y al mismo tiempo detectar todos los detalles que conformaban tal sublimidad.
Como Mexicanos estamos acostumbrados a echarle tierra a nuestra cultura, a encontrar defectos e imperfecciones en nuestra sociedad, y a buscar ser cualquier otra cosa que de este país. Es un logro que con música nos hagan encontrar el polo opuesto, la emoción contraria, el querer pararnos de repente de nuestro asiento a gritar felices que somos mexicanos y somos unos chingones, a pesar de romper el orden que se encontraba en el auditorio.
El hecho de ser niños los que nos provocan tanto orgullo hace de toda emoción algo mayor, algo más emocionante, pues nos impregnan además de una esperanza rejuvenecedora, de pensar por segundos que quizás nuestro destino en el corazón de talentos así, está en buenas manos.
Una noche casual de lunes se volvió en un momento inolvidable para todos mis sentidos, ojos, oídos, y mi corazón.
Estar aburrido es culpa del que no quiere ser parte de la cultura mexicana, del que no se sabe admirar a si mismo como parte, y del que no se quiere encontrar con esa bendita emoción que grita fuertemente: soy de México, ¡qué cultura caray!, qué talento, qué hermosura, qué barbaridad.

jueves, 10 de septiembre de 2009

Oveja Negra

Si me atrevo a soñar ovejas seguro me rifo, o al menos, ya de perdis, se me olvida en donde estoy parado. Benditas, y malditas ovejas, insisto.
La película oveja negra nos transporta aquella rutina soñadora, aquél lugar del que somos inevitablemente parte, y de ese mismo infierno del que queremos escapar… Pero no hay infierno sin risas, ni lugar tan infame en donde no tengamos amigos, al menos uno, que se burle tan cínico de nuestra situación, que no quede más que mirarlo con conmoción y reír por dentro.
El guión es fantástico por la identificación que encontramos en él, por el lenguaje utilizado que nos envuelve tanto que de repente somos parte de la historia, y la sufrimos como un personaje más, las palabras utilizadas nos provocan, la risa se nos contagia, y nos vemos inmersos en esa misma situación, sin dudar por un segundo el actuar del personaje, probablemente, nosotros hubiéramos hecho lo mismo.
Al final somos mexicanos, y todos conocemos a la perfección los estereotipos utilizados en la película, sabemos que ficción o no, exageración o no, todos hemos convivido con el que jode jactándose de su poder, todos conocemos al sumiso que se queja y sueña, y al amigo que se burla con la palabra precisa y la carcajada perfecta. Todos tenemos el sueño de fuera, de ser de fuera, y si nos reímos con ellos no es más que una vil identificación, saber que de alguna forma somos todos los personajes, o lo hemos sido, y por cómoda regla, lo vamos a seguir siendo.
La historia está armada en una forma en que a cada momento disfrutas, y al mismo tiempo te exaltas, comodidad y expectativa, mezcla perfecta... Desde el principio se plantea un plan que se desconoce, y mantiene al espectador atento a los resultados, desternillándose en el proceso.
No falta el giro final de la historia, en que ya nos encontramos resignados y tristes por como se han dado las cosas, y de repente la inteligencia del personaje principal te hace sonreír y entender el por qué de tanta tragedia acumulada. Mala suerte y lucha, sueño polar constante.
De alguna forma me siento sin palabras para describir detalles, ni siquiera he podido mencionar el nombre de los personajes, porque hasta ellos son una puntada que se disfruta, un acercamiento clarísimo a lo que comienzas a vivir.
Tengo, desde que la vi, pegadas imágenes en mi cabeza, la fotografía utilizada es excelente, entre los colores comunes en el cine mexicano, hasta escenas en donde el encuadre cambia por completo de nuestra percepción normal, y aunque el dialogo sea pasajero, no puedes quitar los ojos de la pantalla, quedándote feliz de pensar que todo puede ir de la patada, pero aún hay un poco de belleza en la peor frustración.
Y las ovejas, ¿qué puedo decir de ellas? No hago más que pensarlas y tratar de determinar cuántas he tenido, cuántas he dejado ir, y cuántas necesito para tener otro momento como el que frente a esa pantalla vivir.
Soñar ovejas, vida de mexicanos, giro de sabios.. conclusión del que se ha sabido burlar de si mismo, del que ha aprendido a reír. 

domingo, 6 de septiembre de 2009

Monte Albán

That I got to learn to live and dream, before I go and get myself in love.