domingo, 5 de septiembre de 2010

Mrs.Ruds


Mrs.Ruds nació una tarde de Noviembre, cuando Carmen, mejor conocida como Carmencita, la bondadosa Carmencita, cumplió 22 años. Habrá que explicar que Mrs.Ruds no nació siendo bebé, como sería la creencia popular con la palabra nacimiento, surgió a causa de un grave conflicto interno, siendo, de la nada y aparentemente sin justificante, un perfecto alter-ego.

(Me disculpo de antemano con los lectores que no puedan ni quieran entender este concepto, porque el escrito carece de explicaciones, y recomiendo dejar de leerlo).

Regresando a esa tarde, nublada, lluviosa, oscura, magullada, parecía pedir a gritos una transformación de mente, y por añadidura, de cuerpo. Es mágico como la semblanza de alguien se transforma con el simple hecho de autonombrarse diferente, Carmencita no creyó que fuera tan fácil, pero lo tomó tan sólo un par de horas conseguir a su primera presa.

A pesar de haberse sentido muy idiota durante tantos años, por ese gran defecto complaciente que la acompañaba en todos sus actos, en todas sus relaciones y hasta con sus mascotas, reconocía en si misma la clave del éxito para ser Mrs.Ruds; cualquiera puede elegir de antemano a qué personas va a dejar entrar para ser lastimada, y es que no es raro encontrar en las personalidades ciertas tendencias masoquistas. "No soy idiota", se decía a si misma, "no me están engañando, ni estoy creyendo que puedan ser diferentes, simplemente los elijo para hacer palpable mis miedos, para hacerme sufrir, porque sí, y porque puedo".

Arriesgado fue convertir, esa tarde, su rutina diaria en una inversión de papeles casi mágica, esta vez sería ella quien detectaría qué persona necesitaba ser lastimada, y como buena complaciente, les haría el favor, con sumo estilo y dedicación, de hacerlos sufrir hasta el hueso, porque sí, porque podía.

A su primera presa fue fácil desecharla, usando la palabra correcta que atacara de forma directa al orgullo. Era un ser debilucho que dependía plenamente de su virilidad, cosa siempre sencilla de magullar, como aquella tarde de noviembre. Se convirtió en la metáfora perfecta, y esa noche, después de soltar las primeras palabras atacantes de su vida, añadió con un cinismo virginal, "disculpa querido, soy una femme-enfant".

La facilidad para destrozar orgullos le parecía afrodisíaca, pero fue tan fácil, que requirió subir los peldaños de orgullos a quien dañar y eligió a un tipo de “clientes” diferentes, a unos más arrogantes, a unos que valiera más la pena hacer pedazos. "Benditos narcisistas", pensaba mientras se miraba en el espejo del baño de la noche, (que cambiaba con suma regularidad), arreglándose orgullosa como antítesis del gusto rutinario del susodicho, sólo para romper esquemas, para engancharlos, para transgredir lo que habían creído como fijo; y es que una vez que rompes la idea de un narcisista, que lo haces comer su propio error, no hay marcha atrás, están atados, y aunque no lo parezca, tú tienes el control.

Sobre el control hay que indagar bastante, porque una femme-enfant es cautelosa, y no deja sobre la mesa su jugada, aunque parezca sincera, y aunque parezca enamorada. Siempre hay un secreto que calla, una verdad que ve y guarda.
Contrario a la imagen que se tiene de las femme-fatales, la femme-enfant sabe ser linda, necesita ser linda para que un narcisista la reciba entre sus brazos, y cuidadosamente, sin que lo sepan, se burla de la facilidad con la que rompió el muro tan bien estructurado del poder de semejante “macho”. Cuando ríe no es felicidad, no es empatía, es burla ahogada, disfrazada, que hace creer al "querido" que es el único capaz de llevarla a la plenitud de una carcajada.

Todos en su vida eran nombrados "corazón", todos la hacían la persona más feliz de la tierra, y todos le daban algo que nunca nadie le había dado, con todos comprobaba su existencia, con todos era sincera por primera vez, con todos se sentía protegida, a todos los quería proteger, a todos les daba un espacio asombroso, a veces demasiado, para los más débiles. Todos le querían agradecer.
Todos la hacían encontrar el sentido de su vida, todos encontraban un futuro con ella, porque era ella la única capaz de dejarlos ser, de aplaudirles su narcisismo, y reír después. Con todos se convertía mujer por primera vez, todos estaban engañados, y todos eran heridos después.

La ventaja de Mrs.Ruds es que sabía enamorarse, sabía entregarse, pero también sabía abandonar después. No sufría de indiferencia, pero tampoco sufría de apegamientos innecesarios. Importaba la meta, nunca el después.

Un día, varios años después y casualmente en Noviembre, (no era casualidad, era un est muss sein),  cuando llegó el indicado, su obra maestra de daño, la analogía perfecta, él pidió una explicación a las maletas que se encontraban en la puerta.
Mrs.Ruds se calló por un momento e hizo la cara típica de impotencia, esa que muestran los seres que pretenden querer a alguien pero no lo suficiente como para permanecer a su lado.
Tras prender un cigarro, y humedecer su boca dijo con voz seca: “toda nuestra historia, todo lo que crees saber de mi y todo lo que tu imagen es para mi, está entre comillas”. Cuando estaba determinada a salir de la puerta el hombre exigió, casi con un grito, la explicación de tales palabras. Sin voltear Mrs.Ruds dijo: “que no vales nada”.

Y ahí estaba, el daño perfecto, con una frase había eliminado la existencia de un ajeno, había destrozado toda imagen y todo recuerdo, todo respeto y todo orgullo, toda confianza y todo sentimiento, había matado, porque ese hombre jamás podría comenzar de nuevo.

No hay comentarios: