miércoles, 25 de marzo de 2009

Fotografía: Realidad o Fantasía.

El Fotógrafo de Fronteras, Edward Curtis, con su trabajo más extenso “Los Indios de Norteamérica”, logró hacer palpable lo que significa para la fotografía ser un registro o un inventario (además artístico), de una cultura. El mismo dice: “mis fotografías están hechas para ser el registro directo de la cultura India norteamericana, tan parecida a su realidad, como me sea posible, para pasar a un futuro, en donde la mortalidad del pueblo, que se ha ido desvaneciendo, quedé plasmado de por vida”. 
Su trabajo prueba la inmortalidad y trascendencia de una fotografía, el parar un determinado momento de la realidad, asesinar al tiempo, para hacerlo inmortal, más largo que nuestra propia vida.

Esa realidad, que Curtis se empeñó por demostrar fielmente, Gyula Halász, mejor conocido como Brassai, se empeñó en embellecerla, como él mismo dice: “La fotografía me ha permitido expresar mi Paris de noche, de la forma más bella posible”.
En su trabajo “Paris de nuit”, quedan plasmadas sus intensiones, haciendo con su composición, y aprovechando la neblina y la lluvia, hace de Paris un lugar de sueños, tanto, como para ser nombrado: “El ojo de Paris”.
En contraposición con Curtis, Brassai engaña, de una forma sutil, al espectador, pues sus fotografías prometen un lugar hermoso y de maravilla, que aunque es sacado de la realidad, demuestra que el simple encuadre y visión del fotógrafo, alteran la veracidad contenida en la fotografía.

Man Ray, juega un poco más con el engaño, o mejor dicho, mucho más, él ni siquiera se acerca a intentar representar la realidad externa que conocemos, si no se mete al subconsciente, al mundo de los sueños, al lugar en donde lo surreal, la idea, los impulsos y lo no palpable se vuelve nuestra nueva realidad, la cual, si tomamos la filosofía de Aristóteles, por el mismo hecho de ser, y de estar, aunque no sea física, existe. Crea fotografías hermosas de una subjetividad impresionante, de una composición divina, dejándonos claro que la fotografía, aunque sea valorada como representación fiel de la realidad, es más bien un arte de expresión individual, en donde el fotógrafo tiene el poder de creación de un mundo totalmente nuevo, y lo que está contenido dentro de la fotografía, es una obra, con una realidad nueva, sin intención alguna de representar la realidad externa con veracidad.

Joel-Peter Witkin le da a esta realidad individual y subconsciente, a esta creación de un nuevo mundo, un giro impresionante. Crea, con “cuerpos que alguna vez fueron reales” nuevas historias, nuevas interpretaciones, nuevos significados. Y todo esto para simplemente expresar una realidad interior, una enfermedad de la que es consciente, y de la que se sirve para expresarse. Witkin hace historias desde su propia realidad, y quien se conoce, quien conoce a sus demonios, quien ha sufrido y sabe lo que es el dolor interno, el mundo nostálgico sin fin, entiende que hay dos tipos de realidad, aquella de afuera, y la de adentro, que puede ser tan grande, como para convertirla y convencer a otros de que esa “realidad interna” en el mundo exterior y para todos, también existe, y se vuelve también real.

La fotografía es doble, va de adentro hacia fuera, del fotógrafo y su mundo hacia la creación de uno nuevo, y al mismo tiempo, de ese mundo y lo que se concibe de él, de alimentarse y aprovecharlo, para embellecer al mismo, para retratarlo, de la forma en que nos identifiquemos con él, de la manera en que nos ha convertido. Damos y recibimos, con el control de creación entre las manos.
La fotografía es nuestra realidad, y nuestra fantasía.

lunes, 23 de marzo de 2009

James Natchwey



James Natchwey es una persona callada, da la impresión de que no tiene necesidad de hablar, ¿para qué?, si dice todo lo que necesita, todo lo que piensa, todo lo que ve del mundo, a través de sus fotografías. 
Tengo que reconocer que al ver un documental sobre él llamado “War Photograhper”, caí en el error más común de todos, sentir que se estaba aprovechando, y violando a las personas, al sacarlas e invadirlas en su momento de dolor. Entendí poco después con una frase que él dijo lo real de su trabajo: “En la guerra todo se vale, la moral y los formalismos se pierden. En cualquier otro momento o situación sería imposible fotografiar a alguien en un momento tan drástico de su existencia, pero en la guerra estos límites ya no existen. Hay un entendimiento entre esa gente que sufre y yo, pues es a través de mi cámara que les estoy dando una voz”.
Y es cierto, después de el dolor a los que han sido sometidos, la presencia de una cámara es pasajera, y ese entendimiento, en el que el fotógrafo acepta ante ellos, y quiere hacer al mundo reconocer que hay víctimas de quien tenemos que tener conciencia, le da en cierto modo sentido al sufrimiento, saber al menos, que alguien sabrá lo sufrido. 
Es impresionante lo mucho que Natchwey se acerca a lo sucedido, lo mucho que se expone a si mismo para capturar esa imagen devastadora que con mucha suerte despertará conciencia entre nosotros. Y el hecho de reconocer que nunca ha dejado de tener miedo, lo hace más humano, o hace el héroe que entre nosotros si se expone, si actúa, si hace algo. 
Nunca pierde, a pesar de ser plenamente fotoperiodista, el lado artístico, el lado de la composición, el saber, ante todo saber, que a través de cada fotografía se está expresando a si mismo, se está buscando y se está encontrando. Y llegar a la conclusión final que es, que no importa lo mucho que pudo haber descubierto sobre él mismo, lo más grande fue percatarse que las personas a quien fotografiaba siempre fueron lo primordial.
Eso es ser fotográfo, persona que se expone, por que sabe que lo que está ahí fuera, lo que está contenido en la fotografía, tiene una voz mayor a la de su propio ser.

viernes, 13 de marzo de 2009

Fragmentos


No estaba preparada para semejante acto, llevo actuando mis contrarios durante años, así y sólo para los intrépidos aparezco completa, pero fragmentada al mismo tiempo, entre clic y flashazo. El problema es que yo debo controlarlo, yo debo ser las 4 intensiones de Roland Barthes, pues habiendo antes destruido a todos frente a mi cámara, siendo los mismos, o no, conscientes de ello, es normal que le tenga miedo al poder del lente. Por eso, porque tengo qué, porque mi pudor no me permite “dejarme llevar”, o creer en las coincidencias de una clase casual, debo actuar nuevamente como el dueño manipulador, y fragmentar el entero de quien no fue consciente de la persona que estaba siendo expuesta al sacarme aquella fotografía.

David Lachapelle

David Lachapelle es uno de los 10 fotógrafos contemporáneos más reconocidos mundialmente en la actualidad. Su trabajo consiste en una cruda crítica a la sociedad, a los excesos, a la ambición, al poder, a las obsesiones, a la superficialidad y al placer como consumismo máximo que nos está envolviendo, sin dejarnos ver más allá. 
Sus imágenes son fuertes, para algunos difíciles de ver, pues tanto desnudo, tanta falta de pudor causa controversia, pero siendo este el mensaje que intenta dar, siendo este el motivo de acción del fotógrafo, es de aplaudirse que lo logre de esta manera. Me llama la atención la capacidad que tiene de retratar justo a las personas de las que se está burlando, a toda esa gente de fama que cae en esos consumismos, a Courtney Love, ejemplo perfecto del extravío en los excesos, y no sé si los famosos se dan cuenta o no de la burla tan directa y cínica que está haciendo sobre ellos, y que aún así se extasíen de posar ante él.

Me llama sobre todo la atención la obra titulada “Pieta con Courtney Love”, el conocimiento y acercamiento que tiene al arte del renacimiento, la burla que existe entre religiosidad y esa bajeza que hay dándole el puesto a Courtney de la virgen, y a Kurt Cobain el puesto de Jesús. Aunque digan que el uso del bebé da esperanza, a mi me causa todo lo contrario, tristeza de saber que los niños nacen en este tipo de vanalidad, de subjetividad y de duda extrema. Pero por lo mismo me gusta, por que ya no hay límites de duda, ya no existe quien se atreva a castigar de hereje, y una obra así, en otro tiempo, hubiera sido incriminada de la peor manera.

Entre mis proyectos favoritos está el de “Heaven to Hell”, pues es justo en donde se burla de forma más cínica de los artistas, y donde todos, absolutamente todos se jactan de salir en las fotos. Esto me parece una enorme genialidad, y un logro impresionante. Pues no hay mejor forma de hacer una crítica que con el modelo al que se está criticando. 
La rudeza de sus fotos, sobre todo en este proyecto, en donde aparecen muchos desnudos, y la mayoría vulgares, me costó trabajo de asimilar en un principio, pero al entender el porque, el motivo, el fondo y la idea de Lachapelle aprendí a amarlas, a admirarlas, y a aplaudirle muchísimo por las composiciones que aunque sean vulgares son estéticas y coloridas.

Mi único problema con Lachapelle está en el hecho de su producción, pues al ser tan grande, y tener tanta gente que te haga en un segundo el escenario más soñado y complicado, no sé en donde queda el verdadero talento del artista. Llega un punto en que la producción puede volverse más grande que la idea inicial. A algunos el tamaño y los colores les impacta más que el hecho de la critica tan vil y sincera que Lachapelle hace. Y siento que ahí se pierde un poco el motivo, el origen y la motivación del trabajo. Pero entiendo al mismo tiempo que la producción es parte del todo, y logró tenerla después de mucho tiempo de trabajo.



jueves, 12 de marzo de 2009

Familias Y Alacenas




Toda familia mexicana tiene una alacena, lugar donde guardan todo lo que van a comer en la semana, en el mes, o los restos que se quedan guardados, y pueden servir hasta después de un año. Mi proyecto es hacer retratos de cada familia a través de sus alacenas, a través de lo que comen, y no sólo eso, si no de su acomodo, de el espacio y lugar en dónde guardan todo eso de lo que se van a alimentar, buscar identidades en esos cuartos con poca luz y llenos de colores, y dar un nuevo estilo de retrato conceptual.