


James Natchwey es una persona callada, da la impresión de que no tiene necesidad de hablar, ¿para qué?, si dice todo lo que necesita, todo lo que piensa, todo lo que ve del mundo, a través de sus fotografías.
Tengo que reconocer que al ver un documental sobre él llamado “War Photograhper”, caí en el error más común de todos, sentir que se estaba aprovechando, y violando a las personas, al sacarlas e invadirlas en su momento de dolor. Entendí poco después con una frase que él dijo lo real de su trabajo: “En la guerra todo se vale, la moral y los formalismos se pierden. En cualquier otro momento o situación sería imposible fotografiar a alguien en un momento tan drástico de su existencia, pero en la guerra estos límites ya no existen. Hay un entendimiento entre esa gente que sufre y yo, pues es a través de mi cámara que les estoy dando una voz”.
Y es cierto, después de el dolor a los que han sido sometidos, la presencia de una cámara es pasajera, y ese entendimiento, en el que el fotógrafo acepta ante ellos, y quiere hacer al mundo reconocer que hay víctimas de quien tenemos que tener conciencia, le da en cierto modo sentido al sufrimiento, saber al menos, que alguien sabrá lo sufrido.
Es impresionante lo mucho que Natchwey se acerca a lo sucedido, lo mucho que se expone a si mismo para capturar esa imagen devastadora que con mucha suerte despertará conciencia entre nosotros. Y el hecho de reconocer que nunca ha dejado de tener miedo, lo hace más humano, o hace el héroe que entre nosotros si se expone, si actúa, si hace algo.
Nunca pierde, a pesar de ser plenamente fotoperiodista, el lado artístico, el lado de la composición, el saber, ante todo saber, que a través de cada fotografía se está expresando a si mismo, se está buscando y se está encontrando. Y llegar a la conclusión final que es, que no importa lo mucho que pudo haber descubierto sobre él mismo, lo más grande fue percatarse que las personas a quien fotografiaba siempre fueron lo primordial.
Eso es ser fotográfo, persona que se expone, por que sabe que lo que está ahí fuera, lo que está contenido en la fotografía, tiene una voz mayor a la de su propio ser.

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