A veces, cuando digo que la vida es una puta, lo digo porque la cabrona constantemente nos restriega la verdad sobre las cosas, y se vuelve insoportable por ello.
Hoy me ocurrió una de esas mafufadas que nos desestabilizan, porque nos demuestran que por más planes que hagamos, nunca tendremos control sobre nuestro futuro, cosa que en gran medida se vuelve frustrante.
Según yo tenía a una persona a la que podía confiarle todo, esa persona que había vuelto mi depósito de bien y mal, de ayuda, de soporte; qué poco sabía yo sobre una realidad tan sencilla.
Esa persona, por alguna casualidad extraña, estaba dándose cuenta de lo mismo que yo, de ese movimiento que va más allá de nosotros, de esos cambios que de repente no quisiéramos asumir, de ese constante sube y baja en el que estamos metidos y no podemos acomodar de la forma en que nos encantaría. Él, a diferencia mía, estaba de pésimo humor por ello. Se me ocurrió entonces, (ocurrencia para mí totalmente lógica) vernos y ayudarnos mutuamente, hacernos reír, sabernos unidos, porque siempre ayuda en la vulnerabilidad de una situación tener a ese alguien que te hará sonreír por mal que te encuentres.
Esa persona me mandó a la chingada de una forma tan poco sutil que se vuelve graciosa, cuestión a la que en realidad estoy acostumbrada y no me importó mayormente. Se justificó bajo el hecho de un humor terrible, y yo, inocente pendeja, creí que los amigos están justo para apoyarse en esos momentos. A pesar de la mamada que podría ser recibir una negativa tan poco madura, noté en mi boca una sonrisa traviesa que me sorprendió.
Llevaba mucho tiempo planeando una huida, una escapatoria a la decepción constante que siento hacia la gente, a ese asco por su poca disposición de entrega, a esa pesadilla que me parece la ausencia de visión y sacrificio; pero hoy, dentro de mi propia adversidad fui liberada.
La vida te abre puertas, te cierra otras, te pone gente en el camino, y de repente, en el detalle más sencillo, te los “quita”. Aunque la cuestión de perder a la gente que crees más tuya, duele, se dio en el momento perfecto, porque de repente ya no necesité escaparme, sino que esa conexión en vano con alguien, esa frustración, esa debilidad, esa dependencia, se vieron eliminadas por una casualidad hermosa. Y los celos que llegué a sentir en el pasado se volvieron el cinismo orgulloso de poder decir: “adelante mi amor, ve con otros para fallarles, porque el problema serás siempre tú, y no es mi responsabilidad tomar el papel de madre y cambiarte”.
Inocente criaturita, que en su egoísmo es rotundamente incapaz de darse a otros, y bendita vida, que en lugar de dejarme jodida por el trancazo de a lo que hoy me enfrenté, pude darme cuenta de que en donde estoy, estaré siempre bien, y que los que están a mi alrededor dándose una importancia mayor a la que en realidad tienen, pueden valerme un carajo, porque no son lo suficiente como para apoyarme ni en el más mínimo detalle. Es ese saber que puedes mandar a la chingada con una absoluta confianza, sin sentirte comprometida con esos idiotas que a grandes rasgos prometen el mundo, y que irónicamente son los más incompetentes para alivianarte la vida con un sencillo sí.
Esa es la vida, puta, pero en su carbonería no solo te libera de una inmadurez que es incapaz de expresarse a si misma, sino que además te libera de pretender apoyarte en alguien que no ha sabido siquiera, sostenerse por si mismo.
Te regala, con sus cambios esporádicos y con las situaciones que no puedes controlar, la oportunidad de posicionarte en un nuevo ángulo, de poder tomar la decisión de saberte solo y en esa soledad potente; pues puedes entonces decidirte unido únicamente a quien sí vale la pena, y explayarte en el lugar adecuado, con quien lo merezca; liberándote de perder el tiempo con entes enojados, con entes que en lugar de jalarte hacia arriba, te dejan, con suerte estancado, y con mala suerte, seis metros bajo tierra.
La vida te regala vida, es decir, personas con quienes en un ataque de risa te cansas tanto como para sentir a tu cuerpo y corazón latir. Personas con las que estando fatal buscas una salida, un avanzar. Personas que te dan seguridad, una afirmación de siempre estar, un aprendizaje, y además, se da natural, sin pedir, sin esperar.
Reverencias para la puta vida, y para su inigualable manera de demostrar la verdad.


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