miércoles, 23 de diciembre de 2009

Lucía


Lucía solía decirme: esto es lo que hay, no montañas, ni olas hawaianas, sólo esto, deberías de disfrutarlo un poco más.




Conocí a Lucía en una noche extraña, me acerqué a ella por la curiosidad de una mente escondida en ojos inestables, y esas manos temblorosas que implicaban un sentimiento turbio, constante, para algunos seres como yo, impactante, para la mayoría, detestable. Ella no es de las mujeres con quien puedes permanecer mucho tiempo, te la topas sin querer una noche en Venecia y estás enganchado, al siguiente día, viéndote en el espejo de ese detestable baño (al que por una suerte de vida desastrosa, te tienes que aprender a acomodar), piensas con el corazón en la mano, quizás hubiera sido mejor no tropezar con sus pies.




-Algunos de nosotros nunca aprendemos a amar y no es que no queramos, sólo no se nos da de la forma correcta, es un poco como encontrarle el gusto a los ejotes, ahí están, perfectamente bien sazonados por las manos de una experta y nos inventamos a nosotros mismos que de esa forma debe de ser, a ese sabor nos debemos acoplar,  lo único que pasa es que terminamos en el baño (el mismo mencionado anteriormente, maldito, intenten retirarlo de cualquier historia de su vida y se vuelve una cuestión imposible), vomitando hasta el último resto de condimentación.




Si es tan difícil permanecer con un ente como Lucía, es porque la sinceridad de sus palabras siempre van dirigidas a aquél miedo más grande, a la peor debilidad, ella no se daba cuenta de todo lo que sabía de la gente con tan sólo mirarla, y sigue sin entender qué es lo que debe aprender a callar. Yo ya no la frecuento, así como todas las personas a las que en su vida se ha logró acercar.




-So if you really love me, say yes, but if you don't dear, confess, and please don't tell me: Perhaps, perhaps, perhaps…-
Esa era su canción favorita, la cantaba en las noches con su mala voz, moviendo sus caderas a la perfección, diciendo justo después de esa frase: ojalá fuera verdad.
No es hasta hoy que entiendo a qué se refería, así como la ausencia de las montañas o las olas hawaianas…  Debió de ser terrible para muchos el enamorarse de ella, y recibir a cambio a una escapista realista y fatalista, experta en dominar la carencia de amor. Y es que con su: ojalá fuera verdad, no quería decir más que: ojalá fuera de ellos la culpa, ojalá pudiera aferrarme a sus dudas, ojalá fuera yo la víctima, ojalá algún día me rompan el corazón, antes de que sea yo la poetiza resignada que manipula la historia para acabar con las vísceras de fuera.  Esos ojalás suenan como sueños poco dañinos, pero son la evidencia precisa de su autoconsciencia destructiva, personaje de historia maldita, pobre Lucía.







-Hay risas que terminan con todos los sueños, que anuncian como truenos la incomodidad del ser, hay risas cariño, decía mientras se carcajeaba alerta y tomaba con sus dedos temblorosos de su pelo, hay risas que no son de felicidad-
Hay lágrimas que no anuncian tristeza, llantos que no son de nostalgia, abrazos que no vienen del corazón, hay palabras vacías, mentiras verídicas, y personas que no saben quienes son, hay hermanos que no debieron de haberse conocido, y amigos que se equivocaron sin saber que era el ser amantes, el mejor papel para tomar. Da un poco de coraje, esos mecanismos de defensa que tan ciegamente nos atrevemos a ocupar, ese ser lo que no queremos, y pretender llorar lo que no sentimos, u ocultar la derrota y el verdadero deseo de abrazar al lechero y decirle: en otra vida, quizás, hubieras sido el mejor compañero.
Lucía se burlaba de mi constantemente, me decía divertida que esa capacidad mía de acabar toda plática devastadora en el sin-sentido más idiótico del planeta, era lo único que me mantenía viva. Y es cierto, pero yo no lo comprendía.




-Eso pasa, ¿sabes?, nos inventamos una salida perfecta, un paisaje ajeno, una carcajada que no es más que castrante, para hacer desaparecer eso que nos consume y de lo que somos en gran medida culpables, y está bien, mientras no creamos del todo que eso elimina la realidad de nuestras emociones.
Para ella la vida era una cabrona, en realidad la cabrona era ella, por saber más de la vida de lo que se debe saber al despertar, nada más para vivirla, con un poco de paz.




A veces me pregunto por qué la dejé ir con tal facilidad, no luché por ella ni por sus palabras, al contrario, contesté a todas con un reproche mal formado, formulado de tan sólo una de las veinte palabras que soltaba tan sincera, con tal de hacerla sentir mal, y que creyera que todo eso que decía se basaba en una pendejada, la cual era pensar, pensar de más. Es que sus pasos me dolían, el caos acompañado de cafés y cigarros eran demasiado cuando lo único que buscaba en mi vida era creer fiel que las cosas iban a estar bien, sentir tranquilidad.
-La paz, mi amor, déjasela a la muerte, de ella tendrás una eternidad. De pulsiones, llantos, amores y desamores sólo tienes una milésima de vida, porque es cierto, así de rápido se nos va.




La envidio un poco, siempre logró ser más miserable y depresiva que yo, más dramática, explosiva, manipuladora y detestable, pero también logró ser mucho más feliz, y no sólo eso, sino demostrarlo.
No regreso a ella no porque no quiera, una parte de mi daría todo por otra de sus grandes frases de verdad, pero Lucía está muerta, y sólo me queda de ella el bendito susurro: perhaps, perhaps, perhaps… y ahora soy yo la que piensa: ojalá fuera verdad, ojalá hubiera sido ella la que de mi había dudado, y no mi miedo a la sinceridad, a tenerla de la mano en una noche sin estrellas y decir con emoción: estas nubes diabólicas son todo lo que hay, y que chingón que ahí estén y que bajo ellas estemos estos ojos sintiendo sin razón, qué bueno que me atrevo a permanecer en tu caos, por amor. 














domingo, 20 de diciembre de 2009

Cola Luka Milf



Luka says milf
Ale gets scared
Luka milf
Ale cries
Cola Luka milf
Coca Ale sleeps
and both died from a cigarette burn


jueves, 26 de noviembre de 2009

Bendito silencio


Vaya cansancio de cuerpo, llegar al mismo tren, sólo para ir a comprar verduras me dejó los pies deshechos. La semana pasada no me pareció tan apático el trayecto, pero hoy, hoy el desánimo ha ganado. Desde la muerte de mi marido no he logrado recuperarme, y eso que yo tenía la esperanza de que en la tercera edad se podía volver a nacer. Qué engaño, caí como caen los niños en las películas de súper héroes, esas que nos dan motivos y esperanzas para seguir viviendo, nos susurran al oído: resiste, algo mágico puede pasar… pero las cosas no funcionan así, a nosotros ya se nos hizo tarde.
Un joven apuesto al verme se levantó de inmediato para darme su asiento, y yo tontamente creí por un momento que era mi belleza la que me había otorgado el lugar, pero vi de pronto ese gesto tan común que siempre me regresa a la realidad, no es belleza, es lástima. De nada sirve mantener fuerzas y cuidarse para sentirse optima en los mínimos viajes que a esta edad se tienen que hacer, si el único sentimiento que se provoca es ternura.
Una niña lleva viéndome de reojo desde que empezó a moverse el tren y entiendo esa carita alargada por tristeza y compasión, pensando: “ya se le fue la vida”, sin poder evitar agradecer lo mucho que le falta para verse como yo. A esa edad, yo era una de esas caritas preocupadas por los viejitos a mi alrededor, y me dolían, estaban ya tan cerca de la muerte, pobrecillos, pensaba alarmada ¡qué terror que ya se les haya acabado la vida!.
No es tan grave, es triste pero la resignación es mayor, el temor a la muerte se va perdiendo con el paso de los años y hasta me atreveré a confesar que la ansío, así como ansiaba en mi juventud al amor. No es que no aprecie la vida ni me alegre por  detalles como el sol que cae justo en mi mejilla a través de la ventana, y que me da el sutil calor que hace tiempo no tiene mi corazón. Disfruto también ver las flores de colores tan extraños, y al vendedor tan amable de la verdulería a la que cada semana y sin falta voy. Pero estoy cansada, aunque sé que la vida es bella, el olvido se ha vuelto peor, por eso creo fantasiosamente que la muerte debe ser mejor.
Durante mis épocas devotas de un dios misericordioso me aferraba a la vida como el mejor regalo divino, pero la gente se ha ido yendo, mis hijos están lejos, mi marido muerto, mis amigas enfermas, mis nietos no me recuerdan, y qué sé yo. Para mi que estar viva a estas alturas del partido es una simple preparación para entender que las cosas terminan, y la muerte parece concretar ese aprendizaje, deja de dar miedo, no se pierde más de lo que en vida se ha perdido, algo así es el raciocinio de una persona mayor.
Me vine a París con la idea de dejar atrás los duelos que acontecían, me era imposible despertar en la misma habitación en que él durmió. Sacrifiqué con ello el olvido de mi familia, de mis conocidos, de todos aquellos que me hacían sonreír. Y no me arrepiento, aunque sea idiótico, aquí no hay gente cercana pero hay cierto color, olores y cierto ambiente que se acercan más a la idea de lo que siempre creí ser yo, una especie de identificación. Desde los trece años supe que iba a morir en París, probablemente vine a eso, a aprender a morir.
Pienso que saber morir es un arte, ¿qué otra cosa es tan certero y tan universal?, ha sido la musa e inspiración para los valientes y el temor más grande para los ciegos.
Yo he estado en ambos polos, pero ahora, con dolor de articulaciones, pelo canoso y trabajo de respiración me encuentro en el termino medio, en la espera tranquila, en el sueño constante, en el pedir, todas las noches y sin falta alguna, el sueño eterno.
Vaya suerte que me mantiene en este tren 4 veces al mes, mi cuerpo se rehúsa a luchar, pero mi mente sigue palpitando, o será el corazón tal vez, debe ser el corazón el que está llorando.
Después de muchos años de risa, de alegrías, de logros y entregas, entendí que nada hubiera sido posible, si no me hubiera dolido tanto el vivir, si no me hubiera costado tanto trabajo. Y es que a pesar de esa locura social de pretender encontrar en la felicidad una meta y en la imposibilidad de adaptarme a semejante sistema, empecé a sentir que la misma se daba por casualidad, cuando se sufría lo debido, cuando se buscaba lo necesitado, cuando se gritaba lo que molestaba, cuando se aprendía, con sus caídas y sus bajadas, a amar. Es por eso que no me quejo, y que necesito expresar, aunque sea en silencio frente a todos estos pasajeros, mi necesidad de ya no estar. Uno sabe cuando está listo, cuando la energía se ha agotado y ya no se necesita encontrar nada más. Surge entonces la esperanza de lo imprevisto, de que quizás sea posible vivir cuando se ha muerto. De todas formas, y lo digo de forma bella, sin suicidios intencionados ni melancolía mal aplicada, a veces siento que muero despierta. A estas alturas, de lucha agotada, de esperanzas acabadas, veo en aquél estado de muerte:  luz, pureza, silencio, el bendito silencio de la mente, eso es lo que me hace falta.
Uno debe de entender, sin esos ojos lastimosos que nos miran, que cuando se llega a un punto determinado, en cierto modo hasta desesperado, cuando las venas se hinchan, los párpados pesan, las horas no pasan, las manos se alentan, la torpeza se acumula, el dolor ya no es motivo, el recuerdo es nostalgia, los edificios son un ya fue, la sal prohibida, el alcohol aburrido, las conversaciones típicas, la naturaleza con el mismo ciclo, el agua no se siente fresa, las películas un invento, el olor de el cuerpo se oxida, y la imagen en el espejo nos debilita, que se empieza a morir a cada hora del día y por más sonrisas que llenen tu boca, esa dejó su color en la tumba del ser al que se entregó.
Sólo digo que estoy agotada de luchar por una causa perdida, que agradezco las sorpresas que viví, disfruté tanto del odio y la traición, como de la fantasía y la realidad, de mis logros y mis caídas, del ser que me protegió sin fin, de mis hijos y su crecimiento, de leer y verme, de observar y conocerme, de incontables veces llorar y entre lagrima y lagrima, reír. Agradezco al sol y su calor, el frío y la ropa, el arte, el lenguaje, lo universal de las expresiones, ser parte, y lograr darme al completarme, agradezco vivir las tragedias, los desamores, los colores, hasta la lástima que en aquél joven hice sentir, y es por eso, porque estoy tan agradecida y tan cansada de recordar el porqué estoy agradecida, que hoy grito en pensamiento, viendo a la niña que alguna vez fui a mi lado, viendo al señor que en unos años tendrá mis sentimientos, viendo al turista emocionado descubriéndose en Paris, como yo me descubrí tantas veces y en tantos lados, que estoy lista para morir. 

martes, 3 de noviembre de 2009

Lema de vida


Para el mexicano que llega antes

Estoy un poco cansada de leer textos de nuestro pasado, no por que no sean lo suficientemente interesantes, sino porque todos me llevan a una misma conclusión; somos lo que somos, tan malformados y poco comprometidos, por que así fuimos desde un principio. En tanta mezcla, no hemos aprendido a definirnos.









Ahora me enfocaré en un específico factor de nuestra personalidad, idea que tengo en mente desde que leí Laberinto de la Soledad, de Octavio Paz. El mexicano, y perdón por la expresión, vive para no ser chingado. Toda batalla conquistada, toda victoria obtenida, nuestra cumbre de independencia, no son consecuencia más que de las maniobras fantásticas e inteligentes de unos cuantos antepasados, que supieron pisar mejor de lo que otros intentaron pisarlos. Y es que esa ideología de, “el que no tranza no avanza”, por más que la neguemos por ética y moral, o porque nuestra conciencia nos dice que no podemos aceptarlo como patrón de vida, es la única forma de solución practica y fácil, si decidimos vivir aquí.
Soy fiel utópica que cree en el respeto de otros, y día a día vivo constantes enojos por ver que somos pocos los que funcionamos así. Estar en un carril formada por media hora, y que otro, porque puede, y además, porque por chingón se atreve, se cuela, y nadie se atreve a repelar. Si lo hizo es porque evidentemente es más fuerte, y eso en nuestra visión machista y de engaño, es la mejor virtud que puede existir. Quizás de cierta forma, los que llevamos tanto tiempo formados lo envidiamos, porque no tienen pudor, salen victoriosos en su falta de respeto, lograron esperar menos que nosotros, y además, cínicos, se dan su lugar, porque se atreven a enojarse si no los dejas pasar. Es por eso que alguien como la Guera Rodríguez nos emociona, nos anima, porque en su falta de pudor, en su sutil forma de chingar, es esa heroína que todo mexicano, para considerarse valioso, quiere ser.
Lo digo sorprendida de mi misma, porque en este caso fui yo la admiradora de semejante personaje, después de haber negado a toda costa caer en papeles tan despreciables según mi moral y la ética tan bien impuesta por mi padre.
El mismo Iturbide, personaje al cual no admiré en el relato, pero entendí, porque tuvo la inteligencia suficiente para lograr lo que quería, se vuelve en el héroe del pueblo mexicano, mismo, que como todo en nuestro país, termina en una gran desilusión, lógico desengaño que para un gobierno eficaz, no puede durar por mucho rato… al menos bajo las manos de una misma persona, llegan siempre otros que siguen manipulando.
El único punto que quiero destacar, es que esa forma de ser está impregnada en nosotros, por más educación y conciencia que se tenga. No digo que ahora vaya a convertirme en ese ser supuestamente chingón para ser alabada por la plebe que no sabe ver más allá de la superficie de joder por el momento, pues busco un reconocimiento más  profundo. Pero juro que me queda ese pedazo de admiración hacia quien se atreve, al final logra ser fuerte frente a nuestros ojos nublados y momentáneos, llegan antes a su destino. Lo único que me queda de consolación, es que quizás ese destino es del mismo calibre que el respeto que nos tienen a todos los formados, y por funcionamiento básico al ser humano, a ellos mismos.

viernes, 30 de octubre de 2009

Parásitos


No quería reconocerlo, era muy molesto, tenía todos los síntomas evidentes de ese principio de etapa que iba a durar un buen rato, y me negaba a aceptarlo. Era por flojera, por dolor, porque no quería que las cosas cambiaran, que mi rutina debiera romperse por esa incapacidad de mi parte para concentrarme. Hay cosas que no pueden negarse por mucho rato, que decides dormirte para evadir la realidad y al despertar ya te encuentras inmerso en el problema, todo es caos, todo es un estado numb de consciencia, en donde estás sufriendo hasta el hueso más interno, pero tu cuerpo a la defensa decide apendejarte, para que no te des cuenta de el ataque, del daño que un parásito ajeno está provocando en ti. Ves las cosas de forma diferente, te ves a ti incapaz de volver a hacer nada, porque estás lastimada, y no hay por el momento nadie que pueda ser empático tu duelo, algunos creen que estás exagerando, otros no saben escuchar quejas que no vengan de su propio dolor. Entonces odias, te irritas, aborreces, ese parásito te está destruyendo, y no puedes alejarte, no puedes expresarlo, y mucho menos evitarlo. Toses de coraje, el cuerpo no reacciona, te piensas a ti mismo antes, y la imposibilidad de estar bien hace que el duelo aumente, que intentes con todo tu ser dejar de ver atrás. Lo reconoces, te aceptas, líquidos salen de tu nariz, de tus ojos, sudor brota de tu piel entera. Toda la gente parece saber remedios, te drogan de ideas, de esperanzas, de miel con limón, de cobijas, de compasión. Te entorpecen, te engañan, y nadie parece saber que el problema no eres tú, es el parásito, y tú sin él estarías bien, es únicamente ese ente el que te hace daño. Entonces te conscientes, lo haces parte de ti, dejas que te lastime, le das pausa a tu vida para que él termine de acabar con todo lo que tenías. Cuando ya te vas acostumbrando a ser la víctima, de repente te animas, parte de tu cuerpo necesita seguir sintiendo debilidad, miel, sueños improbables, llantos, tos, escondite, pero tu cabeza comienza a girar de forma correcta y el parasitito y sus ideas comienzan a ser absurdos, idiotas, el daño que provoca comienza a cansar. El haber sido uno mismo durante tanto tiempo, ahora parece extraño. Es momento de dejarlo atrás, la etapa ha terminado. Gracias a dios que las gripas, dan sólo una vez al año. 

lunes, 26 de octubre de 2009

Estuve




Ese día, algo se rompió fuera, lejos de mi. Dentro hay muchas cosas rotas, pero puedo decir que por primera vez permanecí intacta, y sólo sufrí lo que se sufre cuando sabes que de alguna forma u otra eres diferente. Al menos puedo decir, de la forma más fría posible, que si soy lo que he sido es porque así lo decidí, y si me alejo cada vez más de un estándar, es porque así quiero vivir, a pesar del abandono que esto provoque. No puedo ser yo la que detenga justo ahora el proceso de ver y analizar más de lo que se considera normal, de sentir por todos y lamentarme a veces por lo que llega a pesar, soy presa por emoción de la sensibilidad, y la escojo, justo a ella, para guiar los pasos que quiero marcar. No digo nada de esto desde una visión de felicidad, creo que ésta no es una meta sino una cosa que se da cuando se realiza todo lo demás, y por demás me refiero a lo que elegimos como individuos en necesidad. Para mi, aunque les parezca extremo, es la de gritar. Estoy aquí proponiéndome ver atrás, para entenderme, ver al futuro, para realizarme, y detenerme, para distinguir que lo que más importa es el presente, y en el mismo encontrar un motivo para poderme levantar. No negaré la apatía de unos días, ni los impulsos, ni la ansiedad, los usaré como quien bien entiende que la vida, por el simple hecho de darnos la muerte, se compone de una normal polaridad. El equilibrio se encuentra en saber pasar de un lado a otro, sin dejarte plenamente afectar. Estoy dispuesta a construirme una vez más, a valorarme por mi errores y a perdonar, después de eso, después de verme frente al espejo y no sólo soportarme, sino quererme, me puedo entregar. Les regalo la pasión y el sufrimiento, la carcajada y el ahogo del llanto, y la explosión que todo llega a provocar. Sé que estoy aquí para darme completa, y olvidar el después, pues reconozco que ya no voy a estar. 

jueves, 22 de octubre de 2009

Comparación



Me tiene transformada la idea de comparar, eso de encontrarte en el presente y a la vez sonreír, porque puedes ver atrás.  Llevo tiempo haciendo trabajos de mi pasado, buscándome con objetividad, y salgo victoriosa en todos mis recuerdos, en todos mis trabajos, en el proceso.
Recuerdo pocas cosas a la perfección, pero hay cierto tipos de frases o imágenes que aparecen constantes en mis días. Una de ellas es la que se encuentra a la derecha de mi díctico, desde que la tuve me sorprendió, no sé si por el ángulo de la foto, por la felicidad infantil de mi expresión, o por el ahí presente, fuente de muchas alegrías y pesares. Han pasado dos o tres años de la foto, y seguía siendo huella de ese momento casi perfecto.
Hace poco, en un trabajo para la escuela, se dio por casualidad ese mismo ángulo, esa misma expresión. Al verla sonreí, pues más allá de ser un buen retrato, es un lugar inexplicable en el que me identifico, una tranquilidad de constancia. El saber que esa esencia, esa sonrisa, esa mirada permanece, a pesar de la muerte de la fuente que creía única para ser así, a pesar de la desaparición de los más queridos.
Estoy exaltada, ese ver al pasado por primera vez se ha vuelto objetivo, la nostalgia ha desaparecido. Puedo entenderme y reconocerme en todos y cada uno de mis aspectos, saberme igual de entregada en mi separatividad que en mi compañía.
Y por eso, por ser la prueba de lo que voy siendo, y la ayuda para hacerlo consciente, me gusta la fotografía. 

martes, 22 de septiembre de 2009

Presencia Flagrante



Presencia flagrante, apropiación acrítica del pasado, realismo nostálgico, comodidad en lo kitsch, revival, todo con cierta burla y cinismo..


Marcos López se roba a la nostalgia de su estado habitual: el pasado, y la deposita en el presente, para que aparezca palpitante, ardiente, directa, burlándose de nosotros y de eso en que hemos caído. Además, inteligente, las une con fotos del pasado, esas fotos que deberían de darnos un sentimiento más profundo de añoranza, y lo único que provocan son una identificación con lo kitsch, un sabernos parte de esa composición, un reconocimiento de todos los objetos y aceptación de haberlos usados, y una sonrisa, por haber sido parte. Cínico, ni el pasado más ridículo se compara con lo absurdo de nuestro presente, en el discurso hay dinamismo, hay congruencia pura, hay una repulsión que nos ataca al sentirnos más contrariados por nuestro presente, que por nuestro irrisorio pasado.




Y es que claro, el pasado ya no es lo que era, ya no estamos tranquilos porque no creemos en nada. Hemos logrado hacer de toda cosa respetable, de todo objeto admirable y de todo uso lógico, la cosa más absurda en nuestra rutina. Por ello las fotos del pasado nos causaron apacibilidad, porque reconocimos todos los objetos en el uso que les dábamos, en la utilidad lógica que para nosotros tenían, y las del presente nos derrotaron, porque todo lo comenzamos a utilizar mal, desde la idea de Adán y Eva, hasta las bases máximas de nuestras creencias. Parecemos saberlo todo, haberlo visto y experimentado todo, y entre tantas cosas que asimilar, no somos nada, más que la mezcla de conocimientos y usos que sin la congruencia de un contexto cultural, no valen nada, perdón parece decirnos en silencio, pero ya no valemos nada.




Hemos rebasado toda clase de limites, descontextualizar se ha convertido nuestro máximo patrón, porque ya no vemos la importancia de las cosas, el destino que originalmente tenían, y gracias a la producción en masa, todo ha ido perdiendo su valor. Una prueba máxima de ello es las Vegas, el ir y ser parte de la copia, y creer de cierto modo en su realidad. Estamos peor que el reproche de Platón hacia vivir en la copia de el mundo de las ideas, por que al menos su reproche es hacia gente que no se da cuenta del error, nosotros lo sabemos, y caemos.




Aquí, el que ejerce una fuerte critica hacia nuestra carencia de sentido y valor es Rubén Ortiz, con su obra el pasado ya no es lo que era. Antes, el ver para atrás era una cuestión histórica, de orgullo, de aprendizaje, ahora, es cuestión de robo, de desprestigio. Con sus fotos, de grano pesado y monocromáticas, nos hace ver lo ridículo de nuestra sociedad actual, en donde un estacionamiento tiene como adorno una pirámide, una escultura maravillosa tiene a un nadador a lado, y caemos en la realidad de que es un mugre parque acuático. Así somos, en eso lo hemos convertido todo, el hacer que las cosas estén bonitas o sean estéticas no es nuestro problema, sus fotos, quitando la critica, son hermosas y perfectamente bien compuestas, nuestro problema es la carencia de entrega y creencia al valor de lo que hacemos y tenemos, al lugar en donde estamos, a nuestra escasa capacidad de asombro. Podemos tenerlo todo, hacerlo todo, copiar todo, lo único que nos queda, para no hacer de nuestra realidad un espacio más absurdo y carente de motivos para emocionarnos, es respetar el por qué de las cosas, el destino para el que están provistos, y la cultura y lugar en donde surgieron.




Ambos artistas nos hacen preguntarnos qué está pasando, qué es lo que consideramos pasado y cómo lo estamos retomando, ¿en dónde debe de estar nuestra nostalgia realmente?, ¿valdrá la pena comenzar a vivir en revivals? …
Lo único que se me ocurre pensar es que hay que encontrar un nuevo sentido, un nuevo motivo y una nueva creencia, y si no lo logramos, entonces dejar de descontextualizar. 
















martes, 15 de septiembre de 2009

De luto

Nunca te avisaron que el silencio lastima, el noble perdona, y el decir las cosas es una forma de reconciliación. La indiferencia es una forma sutil de muerte, de no existencia, de un constante adiós.
El enojo existe por rencor, el rencor por importancia, y la importancia por amor. 
Doloroso es que me consideres una idiota, y que te escondas en la cueva ingenua de sólo-yo-me-conozco, sólo-yo.
Estoy enojada contigo Chá, acabada, decepcionada, por haber sido el reproche de un ser que no ha sabido ni siquiera conocerse a si mismo, por ser el reflejo de la incongruencia de la cabeza de otro, y la caja de culpas de la poca lucha ajena.
Estoy muriendo por creerte, por haberte amado, por nuestra poca devoción. A estas alturas nos hemos perdido enteros, y qué sé yo.. el luto no me ha sido suficiente para depurarte, porque sigues vivo, pensándome, negándome,  atacándome.
-Peor ha sido la tumba de un vivo, que la muerte de un ser querido.-

Orquesta sinfónica Infantil y Juvenil de México

Quien dice que su vida es aburrida es porque no ha querido ir a aquél lugar donde flotan emociones, lugar en donde sientes que todos están maravillados, los aplausos toman un ritmo sincero, y las caras de felicidad se quedan grabadas en los espectadores por horas, en mi caso, por días.

Estoy hablando del Concierto por el Bicentenario con la Orquesta Sinfónica Infantil y Juvenil de México, celebrado el Lunes 14 de Septiembre del 2009, en el Auditorio nacional.
Para ser sincera, decidí ir por curiosidad, y sin ninguna expectativa, pero desde la primera composición supe que pasaría de las dos mejores horas de mi vida.
El movimiento de las bocas de los niños, las manos de lo violines, los cachetes de los trombones, los dedos del clarinete, el cuerpo de las violas, todos jugando con nuestros ojos y oídos a hacer una perfecta combinación emotiva, una exaltación a nuestra cultura, y una palpitación en el corazón a la que no se puede poner nombre y de la que no puede surgir más que una admiración inmensa por ese conjunto de jóvenes mexicanos que logran hacernos querer estar ahí en el escenario y tener al menos tantito de su talento, para lograr nosotros también crear algo tan maravilloso como lo que está surgiendo de todos ellos.
No había uno que no se encontrara feliz por lo que estaba haciendo, bailaban y se movían como si la música que sus instrumentos sacaban se hubiese convertido en su mejor amiga, se unían todos para hablar su propio lenguaje, mirando atentos al director, y nosotros, los espectadores, no podíamos más que sonreír al evento, e intentar verlo todo en conjunto, y al mismo tiempo detectar todos los detalles que conformaban tal sublimidad.
Como Mexicanos estamos acostumbrados a echarle tierra a nuestra cultura, a encontrar defectos e imperfecciones en nuestra sociedad, y a buscar ser cualquier otra cosa que de este país. Es un logro que con música nos hagan encontrar el polo opuesto, la emoción contraria, el querer pararnos de repente de nuestro asiento a gritar felices que somos mexicanos y somos unos chingones, a pesar de romper el orden que se encontraba en el auditorio.
El hecho de ser niños los que nos provocan tanto orgullo hace de toda emoción algo mayor, algo más emocionante, pues nos impregnan además de una esperanza rejuvenecedora, de pensar por segundos que quizás nuestro destino en el corazón de talentos así, está en buenas manos.
Una noche casual de lunes se volvió en un momento inolvidable para todos mis sentidos, ojos, oídos, y mi corazón.
Estar aburrido es culpa del que no quiere ser parte de la cultura mexicana, del que no se sabe admirar a si mismo como parte, y del que no se quiere encontrar con esa bendita emoción que grita fuertemente: soy de México, ¡qué cultura caray!, qué talento, qué hermosura, qué barbaridad.

jueves, 10 de septiembre de 2009

Oveja Negra

Si me atrevo a soñar ovejas seguro me rifo, o al menos, ya de perdis, se me olvida en donde estoy parado. Benditas, y malditas ovejas, insisto.
La película oveja negra nos transporta aquella rutina soñadora, aquél lugar del que somos inevitablemente parte, y de ese mismo infierno del que queremos escapar… Pero no hay infierno sin risas, ni lugar tan infame en donde no tengamos amigos, al menos uno, que se burle tan cínico de nuestra situación, que no quede más que mirarlo con conmoción y reír por dentro.
El guión es fantástico por la identificación que encontramos en él, por el lenguaje utilizado que nos envuelve tanto que de repente somos parte de la historia, y la sufrimos como un personaje más, las palabras utilizadas nos provocan, la risa se nos contagia, y nos vemos inmersos en esa misma situación, sin dudar por un segundo el actuar del personaje, probablemente, nosotros hubiéramos hecho lo mismo.
Al final somos mexicanos, y todos conocemos a la perfección los estereotipos utilizados en la película, sabemos que ficción o no, exageración o no, todos hemos convivido con el que jode jactándose de su poder, todos conocemos al sumiso que se queja y sueña, y al amigo que se burla con la palabra precisa y la carcajada perfecta. Todos tenemos el sueño de fuera, de ser de fuera, y si nos reímos con ellos no es más que una vil identificación, saber que de alguna forma somos todos los personajes, o lo hemos sido, y por cómoda regla, lo vamos a seguir siendo.
La historia está armada en una forma en que a cada momento disfrutas, y al mismo tiempo te exaltas, comodidad y expectativa, mezcla perfecta... Desde el principio se plantea un plan que se desconoce, y mantiene al espectador atento a los resultados, desternillándose en el proceso.
No falta el giro final de la historia, en que ya nos encontramos resignados y tristes por como se han dado las cosas, y de repente la inteligencia del personaje principal te hace sonreír y entender el por qué de tanta tragedia acumulada. Mala suerte y lucha, sueño polar constante.
De alguna forma me siento sin palabras para describir detalles, ni siquiera he podido mencionar el nombre de los personajes, porque hasta ellos son una puntada que se disfruta, un acercamiento clarísimo a lo que comienzas a vivir.
Tengo, desde que la vi, pegadas imágenes en mi cabeza, la fotografía utilizada es excelente, entre los colores comunes en el cine mexicano, hasta escenas en donde el encuadre cambia por completo de nuestra percepción normal, y aunque el dialogo sea pasajero, no puedes quitar los ojos de la pantalla, quedándote feliz de pensar que todo puede ir de la patada, pero aún hay un poco de belleza en la peor frustración.
Y las ovejas, ¿qué puedo decir de ellas? No hago más que pensarlas y tratar de determinar cuántas he tenido, cuántas he dejado ir, y cuántas necesito para tener otro momento como el que frente a esa pantalla vivir.
Soñar ovejas, vida de mexicanos, giro de sabios.. conclusión del que se ha sabido burlar de si mismo, del que ha aprendido a reír. 

domingo, 6 de septiembre de 2009

Monte Albán

That I got to learn to live and dream, before I go and get myself in love.

sábado, 15 de agosto de 2009

Un nuevo tipo de euforia.

Extraño es poder decir que una sola persona pueda provocarte tanto, dejarte con el corazón expandido y sin respiración, que ni siquiera alcanza para describirse como tristeza, o felicidad, se acerca a la euforia y a la nostalgia combinadas, al darte cuenta de cosas inconscientemente, y emocionarte tanto, y tan fuerte, que no puedes ni siquiera usar la lógica para convertir todo aquello en palabras.

Por ello tuve que acudir a los colores y a su psicología, a dejarlos expresar el impacto de la ausencia, y el dolor de la misma.

sábado, 8 de agosto de 2009





Hay veces que no encuentro las palabras adecuadas para empezar a desarrollar una idea, o será también que por primera vez no se me antoja ninguna idea específica a tratar. Después de un viaje sólo quedaron las fotos, lenguaje divino que por lo general no requiere de tan larga explicación. Estoy enamorada de la edición, y de la emoción silenciosa que se encuentra en mi sillón al mirarlas.

Dejé atrás gran parte de lo que me formaba, pero sigue caminando conmigo el ideal de verlo todo de una mejor forma, de una más buena, y no por ello decir bella, ni con más luz. Pero cabe hacer mención: bendita luz, y qué maravilla es entender su ausencia.

lunes, 29 de junio de 2009

Olvidé tu cumpleaños


Este año olvidé celebrar tu cumpleaños, serías un adulto, ya 18 años.
Me hubiera gustado que te hubieras quedado más rato, te quise lo suficiente, pero no fue demasiado. Tengo miedo de pensar que te he desilusionado, ojala, insisto, ojala te hubieras quedado y me hubieras guiado, tal vez todo hubiera sido diferente si me hubieras acompañado.
Nos hiciste a todos un poco más fuertes, pero nos faltó, no fue demasiado.
Deseo como pocos días que regreses, que me des un abrazo, que me hagas sentir que no estamos perdidos sin ti y que nada ha sido en vano.
Te siento, te quiero hermano. Hay días como hoy, que dueles demasiado.

sábado, 27 de junio de 2009

En el caos



Inspiración, llega el momento de retroalimentación. 
Desde siempre le he tenido miedo al estancamiento, pero sus líneas y su fuerza son motivo para volver a caer.
Protagonistas y labios rojos, pinturas de gritos feministas que derrochan energía, que expresan todo lo que en una infancia absurda, no pudieron decir.
Stina Persson es la nueva indicada, la nueva musa, la nueva barbaridad. La mujer que con negro nos calla, con acuarela nos ataca, y nos embriaga con colores y con la tranquilidad de la polaridad. 
En el caos no hay bien y no hay mal.
- We're all stars now in the dope show-

A los 20.


Tengo ganas de fama y de acción, a partir de los 20 hay que hacer una lista de esas de recapacitación, aunque suene a libro de autosuperación.

viernes, 17 de abril de 2009

Pictorialismo contemporáneo


Por esa necesidad constante que tenemos de buscarnos en el pasado. 

martes, 7 de abril de 2009

Tres y seis veces



Para no correr el riesgo de que mintieras, tuve que dar más de un click.
Como quien apunta y dispara más de una vez, para segurarse de que su víctima haya muerto. Así tuve que imortlizarte, asegurándome de que aquello que haré más largo que tu propia vida, sea la representación adecuada. 
Actuabas cada que podías, hacías ingenuamente caras, esperando a que mis dedos cayeran y fuera eso lo que de ti proyectara. Olvidaste que yo también le he temido a las cámaras, y por eso esperé lo suficiente hasta que se te olvidara, hasta que te desesperaras, y entonces fuera posible, entonces mi lente te maltratara.
Tres y seis veces quedastre retratado, por cada mentira, una verdad he logrado. 

viernes, 3 de abril de 2009

De madonna a princesa


De madonna a princesa, originally uploaded by Luka Hugues.

Recordando que un día me atreví a sacar la lengua.

miércoles, 25 de marzo de 2009

Fotografía: Realidad o Fantasía.

El Fotógrafo de Fronteras, Edward Curtis, con su trabajo más extenso “Los Indios de Norteamérica”, logró hacer palpable lo que significa para la fotografía ser un registro o un inventario (además artístico), de una cultura. El mismo dice: “mis fotografías están hechas para ser el registro directo de la cultura India norteamericana, tan parecida a su realidad, como me sea posible, para pasar a un futuro, en donde la mortalidad del pueblo, que se ha ido desvaneciendo, quedé plasmado de por vida”. 
Su trabajo prueba la inmortalidad y trascendencia de una fotografía, el parar un determinado momento de la realidad, asesinar al tiempo, para hacerlo inmortal, más largo que nuestra propia vida.

Esa realidad, que Curtis se empeñó por demostrar fielmente, Gyula Halász, mejor conocido como Brassai, se empeñó en embellecerla, como él mismo dice: “La fotografía me ha permitido expresar mi Paris de noche, de la forma más bella posible”.
En su trabajo “Paris de nuit”, quedan plasmadas sus intensiones, haciendo con su composición, y aprovechando la neblina y la lluvia, hace de Paris un lugar de sueños, tanto, como para ser nombrado: “El ojo de Paris”.
En contraposición con Curtis, Brassai engaña, de una forma sutil, al espectador, pues sus fotografías prometen un lugar hermoso y de maravilla, que aunque es sacado de la realidad, demuestra que el simple encuadre y visión del fotógrafo, alteran la veracidad contenida en la fotografía.

Man Ray, juega un poco más con el engaño, o mejor dicho, mucho más, él ni siquiera se acerca a intentar representar la realidad externa que conocemos, si no se mete al subconsciente, al mundo de los sueños, al lugar en donde lo surreal, la idea, los impulsos y lo no palpable se vuelve nuestra nueva realidad, la cual, si tomamos la filosofía de Aristóteles, por el mismo hecho de ser, y de estar, aunque no sea física, existe. Crea fotografías hermosas de una subjetividad impresionante, de una composición divina, dejándonos claro que la fotografía, aunque sea valorada como representación fiel de la realidad, es más bien un arte de expresión individual, en donde el fotógrafo tiene el poder de creación de un mundo totalmente nuevo, y lo que está contenido dentro de la fotografía, es una obra, con una realidad nueva, sin intención alguna de representar la realidad externa con veracidad.

Joel-Peter Witkin le da a esta realidad individual y subconsciente, a esta creación de un nuevo mundo, un giro impresionante. Crea, con “cuerpos que alguna vez fueron reales” nuevas historias, nuevas interpretaciones, nuevos significados. Y todo esto para simplemente expresar una realidad interior, una enfermedad de la que es consciente, y de la que se sirve para expresarse. Witkin hace historias desde su propia realidad, y quien se conoce, quien conoce a sus demonios, quien ha sufrido y sabe lo que es el dolor interno, el mundo nostálgico sin fin, entiende que hay dos tipos de realidad, aquella de afuera, y la de adentro, que puede ser tan grande, como para convertirla y convencer a otros de que esa “realidad interna” en el mundo exterior y para todos, también existe, y se vuelve también real.

La fotografía es doble, va de adentro hacia fuera, del fotógrafo y su mundo hacia la creación de uno nuevo, y al mismo tiempo, de ese mundo y lo que se concibe de él, de alimentarse y aprovecharlo, para embellecer al mismo, para retratarlo, de la forma en que nos identifiquemos con él, de la manera en que nos ha convertido. Damos y recibimos, con el control de creación entre las manos.
La fotografía es nuestra realidad, y nuestra fantasía.

lunes, 23 de marzo de 2009

James Natchwey



James Natchwey es una persona callada, da la impresión de que no tiene necesidad de hablar, ¿para qué?, si dice todo lo que necesita, todo lo que piensa, todo lo que ve del mundo, a través de sus fotografías. 
Tengo que reconocer que al ver un documental sobre él llamado “War Photograhper”, caí en el error más común de todos, sentir que se estaba aprovechando, y violando a las personas, al sacarlas e invadirlas en su momento de dolor. Entendí poco después con una frase que él dijo lo real de su trabajo: “En la guerra todo se vale, la moral y los formalismos se pierden. En cualquier otro momento o situación sería imposible fotografiar a alguien en un momento tan drástico de su existencia, pero en la guerra estos límites ya no existen. Hay un entendimiento entre esa gente que sufre y yo, pues es a través de mi cámara que les estoy dando una voz”.
Y es cierto, después de el dolor a los que han sido sometidos, la presencia de una cámara es pasajera, y ese entendimiento, en el que el fotógrafo acepta ante ellos, y quiere hacer al mundo reconocer que hay víctimas de quien tenemos que tener conciencia, le da en cierto modo sentido al sufrimiento, saber al menos, que alguien sabrá lo sufrido. 
Es impresionante lo mucho que Natchwey se acerca a lo sucedido, lo mucho que se expone a si mismo para capturar esa imagen devastadora que con mucha suerte despertará conciencia entre nosotros. Y el hecho de reconocer que nunca ha dejado de tener miedo, lo hace más humano, o hace el héroe que entre nosotros si se expone, si actúa, si hace algo. 
Nunca pierde, a pesar de ser plenamente fotoperiodista, el lado artístico, el lado de la composición, el saber, ante todo saber, que a través de cada fotografía se está expresando a si mismo, se está buscando y se está encontrando. Y llegar a la conclusión final que es, que no importa lo mucho que pudo haber descubierto sobre él mismo, lo más grande fue percatarse que las personas a quien fotografiaba siempre fueron lo primordial.
Eso es ser fotográfo, persona que se expone, por que sabe que lo que está ahí fuera, lo que está contenido en la fotografía, tiene una voz mayor a la de su propio ser.

viernes, 13 de marzo de 2009

Fragmentos


No estaba preparada para semejante acto, llevo actuando mis contrarios durante años, así y sólo para los intrépidos aparezco completa, pero fragmentada al mismo tiempo, entre clic y flashazo. El problema es que yo debo controlarlo, yo debo ser las 4 intensiones de Roland Barthes, pues habiendo antes destruido a todos frente a mi cámara, siendo los mismos, o no, conscientes de ello, es normal que le tenga miedo al poder del lente. Por eso, porque tengo qué, porque mi pudor no me permite “dejarme llevar”, o creer en las coincidencias de una clase casual, debo actuar nuevamente como el dueño manipulador, y fragmentar el entero de quien no fue consciente de la persona que estaba siendo expuesta al sacarme aquella fotografía.